Al
abordar todo el contexto cinematográfico que tiene este primer film en la
historia del cine, no puedo dejar aun lado lo visionario que fue George Méliès,
al llevar a cabo su idea de hacer una película en la cual mostrara ciertos
aspectos de ciencia ficción, que para la época eran desconocidos y que fue de
mucho valor e invención para el rumbo que cogería el cine hasta llegar donde
está el día de hoy.
Es
que es increíble que en aquella época, para comienzos del siglo XX, una persona
pudiera recrear a través de un “estudio” un film con los primeros efectos
especiales vistos en el cine. Manejando a los protagonistas dentro del mismo
espacio, en un mismo plano y viendo cómo una decoración tan simple pero vasta a
su vez en toda su significación hace que la historia tenga una secuencia muy
interesante.
Para
entender ésta película hay que recordar que su creador Georges Méliès, fue uno
de los pocos asistentes que estuvo presente en 1895, en el nacimiento del cine
de la mano de los hermanos Lumière. Se comenta a través de varios artículos,
que este hombre quedó tan fascinado con el invento, que le quedó esa inquietud,
y a su vez entendió esto del cine como un espectáculo, además, Méliès era un
gran apasionado del teatro.
El
cortometraje, nos narra la historia de un grupo de hombres, científicos, que
buscan llevar a cabo un viaje a la Luna en una nave que es disparada desde un
cañón gigante y esta, acaba incrustándose en uno de los ojos de ella. A su
llegada y después de una breve exploración, encontraron a los habitantes de la
Luna, que los capturan y llevan ante su rey. Después de descubrir la forma en
la que estos pueden ser vencidos con la
utilización de los paraguas, los científicos consiguen escapar y regresar a la
Tierra. Allí, tras caer en el mar y ser rescatados, son recibidos como héroes.
Sin duda alguna para el cine, es una joya
cinematográfica digna de alabar y por supuesto siempre recordar.

