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9 de agosto de 2013

El miedo que algún día pude vencer

Hablar de Miguel de Cervantes Saavedra,  me recuerda siempre al mejor libro que tiene la literatura mundial y es Don Quijote de la Mancha, título que le han dado todos los expertos en literatura y que por lo general es grueso, amplio en su texto y muy largo de leer en cualquiera de las versiones que existan de este en el mundo. 

Por eso, acordarme de él, hace que entre en risas, me hace tener recuerdos de años atrás en los que no podía ni oírlo, ni mirarlo, porque mi cuerpo entraba en pánico por el simple hecho que es un libro muy extenso y sólo se sabe cuándo se
empieza pero no cuando se termina. 

Ahora bien, todo este tipo de sensaciones que me producía quedaron atrás. Hoy en día, he aprendido a leerlo y gozar con él, me hace pensar en esos años desperdiciados de mi vida cuando siempre por algún motivo o circunstancia tenía que leerlo, a como diera lugar. Y que por la fobia, si se le puede llamar así, no quise hacerlo, porque en su momento no me gustaba y me daba miedo con solamente abrir una página e intentar comenzar.

Esta miedo, de la cual hablo, siempre me esperaba cada vez que iba a comenzar el texto, al abrir la primera página y encontrarme con la biografía de cervantes, que ya he leído bastante, y seguir con el primer capítulo donde comienza: “en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo vivía un hidalgo…” y saber que no entendía nada de lo que me hablaba, me desmotivaba y me hacia sentir muy extraño, por lo que la única salida que encontraba era cerrar este libro y dejarlo allí; sin saber que tarde o temprano en mi vida lo iba a terminar leyendo.

No es fácil, no es muy explícito, no es muy entendible y mucho menos muy común leer este tipo de historias que manejan un lenguaje muy antiguo, coloquial y con un alto nivel de complejidad en los términos y palabras, entonces es muy particular comenzar a tener esa sensación de no saber nada de lo que el texto está tocando y hace que las personas no encuentren un sentido a una historia tan importante y maravillosa como lo es Don Quijote de la Mancha.

Después de tantos años, habiendo intentado más o menos cuatro veces hacerlo, pude lograrlo con la ayuda necesaria. Mi profesora de Plan Lector en la universidad me ayudó después de tantos intentos por querer llegar a vencer este miedo. El haberlo comenzado a leer, y hoy en día recordar que en compañía de mis compañeros y de mi maestra, a quien admiro por su paciencia, logré llegar a terminar el primer libro en conjunto con todos los estudiantes de mi clase. Me toca reconocer que este libro, a pesar de sus historias y de lo que le sucede al gran Hidalgo Don Quijote, nos muestra en su lenguaje la cotidianidad que vive el ser humano.

En parte, las historias plasmadas y la vida por la que pasa Don Quijote y Sancho Panza, hace mucha referencia a todos los instantes en la vida que un ser humano puede vivir. Basta solamente con analizar lo que dice el texto y hacer un paralelo con la vida diaria de uno mismo, y encontrar tantas cosas en común como para examinar lo que sucede en nuestro entorno y encontrar que no estaba loco, que por el contrario, afirmaba que la vida no era fácil, que todos tenemos miedos y que por más duro que fuese el camino, algún día llegaría la victoria y la satisfacción de vencer todos esos “no” que la vida nos pone y lograr siempre llegar a la meta.

Hoy, después de haber leído la primera parte, estoy seguro que seguiré con la segunda. No sólo porque el miedo se acabó, sino porque cuando uno se propone las cosas y le toma cariño a lo que lee, puede llegar a encontrar la verdadera profundidad de un texto, y darse cuenta cómo el autor se burla de la vida y vuela su imaginación en un mundo de fantasías.